Como cada semana empiezo poniendo a continuación un resumen de 1 artículo que ya había sido publicado en Pastando en Mulgore.
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Hoy quiero dedicar estas líneas a Sergan, que hace poco abandonó su hermandad de toda la vida para salir a la aventura de encontrar una nueva. Los motivos no vienen al
caso, lo importante aquí es el sentimiento que deja ese cambio, un vacío que no se puede llenar de ninguna manera porque una hermandad no es sólo un nombre sobre la
cabeza de nuestros personajes sino un grupo de personas y un sentir generalizado.
Son por decirlo de alguna forma cosas que le pasan a los demás y no a mi. Pero en cierta forma a mi me ha tocado vivirlas más veces que a la mayoría, precisamente porque sin una hermandad
de por medio estas historias nunca tendrían lugar.
Con el tiempo y la edad uno adquiere experiencia acerca de lo que lo rodea, aprende de los errores y cambia su mentalidad acorde con lo que va aprendiendo. A eso suelen
llamarlo evolucionar, o madurar, dependiendo del contexto en el que se use.
Entre todas esas cosas que han cambiado está la idea de las hermandades, pero sobre todo, el hecho de que con el tiempo he llegado a comprender que no todo el mundo ve las hermandades de
la misma manera, y que esas formas de verlas por muy opuestas que sean a la mia no tienen porqué estar equivocadas.
Las hermandades sólo tienen una función en el juego, la de reunir a gente con los mismos objetivos, da igual que sean objetivos de avance, de tipo social o a cualquier
otro, lo importante es que para que una hermandad funcione bien sus componentes deben compartir sus objetivos. Pero más importante aun que eso es el que los miembros de la hermandad
sientan que esta los ayuda a conseguir lo que ellos quieren.
Simplemente llega un momento en el que hay que avanzar, dar un paso adelante y adentrarse en lo desconocido sin mirar atrás. Unas veces lo hacemos en contra de nuestra
voluntad porque no nos queda más remedio, y otras lo hacemos por gusto aunque nos deje un mal sabor de boca. Puede sonar raro viniendo de parte mia que soy por así decirlo el máximo defensor de los derechos de las hermandades, pero eso no cambia el hecho de que todo el mundo tiene derecho a buscar un lugar más adecuado a sus necesidades. Ojalá las hermandades fuesen como los diamantes, que dicen que son para siempre, pero por desgracia no lo son. |
Os recuerdo que esto no es más que un resumen de lo que ya fue publicado en PEM, si queréis leerlo íntegro junto con los comentarios de los lectores podéis hacerlo aquí.
Cambiar de hermandad es duro, hasta yo que no he tenido que cambiar nunca lo sé. Pasas mucho tiempo viendo a tus compañeros, hablandon con ellos, jugando juntos y un día te das cuenta de que en
realidad no es eso lo que quieres. Que buscas algo más que ahí sabes que no puedes tener, y en ese momento te planteas el cambio.
Ojalá fuesen así todas las historias de la gente que cambia de hermandad, pero por desgracia hay muchas otras que no tienen nada que ver, que son provocadas por malos rollos, por comentarios indebidos, y muchas otras cosas que al final perjudican la convivencia.
Por suerte Blizzard está llevando el juego por un camino en el que cada vez es más social aunque no tengas una hermandad, puedes jugar con tus amigos por realid o battletag aunque no estén en tu
mismo reino, puedes mantener una conversación con todos ellos al mismo tiempo aunque no estén en tu mismo grupo o hermandad. Todo va cambiando con el tiempo.
Puede que las hermandades ya no sean lo que eran, pero algunos todavía las preferimos mantener aunque sólo sea por el cariño que le tenemos ya al nombre de la misma.
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