Llevo en esto de ser maestro de hermandad unos 10 años, y como con casi todo han habido momentos buenos y malos. De los momentos buenos se acuerda todo el mundo, de cuando tiramos a u jefe u otro, de los eventos de hermandad, etc. Pero de los malos, que también los ha habido, no quiere acordarse nadie... Aparte de mi.
A mi me ha tocado lidiar con todos esos momentos difíciles, unas veces sólo, otras con ayuda, pero siempre sabiendo que pasara lo que pasara me tocaría a mi hacerle frente. De entre todos esos momentos uno de los más difíciles, y que por desgracia se ha repetido unas cuantas veces, ha sido el de las fugas masivas de miembros.
Un día sin saber cómo ni porqué ocurre algo que provoca una discusión entre varios miembros, se forman irremediablemente dos o más bandos, y al final uno de ellos abandona la hermandad en masa. Luego viene el lento goteo de compañeros que no saben de que va la historia pero sienten que algo no marcha bien, y que deciden irse también. El resultado habitual de esta situación es que la hermandad acaba haciendo aguas y si uno no quiere que se hunda hay que ponerle un parche y comenzar a achicar.
Son muchas las hermandades que han desaparecido por causas parecidas, hermandades que llevaban funcionando mucho tiempo sin mayores problemas, hasta que una situación de este tipo se las llevó por delante. Para una hermandad son momentos difíciles de los que cuesta trabajo recuperarse, lo sé bien la mía ha pasado por ellos al menos cuatro veces, la última ahora mismo.
Sé que a muchos compañeros les asusta la situación, que piensan que es el fin de la hermandad y que nada volverá a ser como antes. Pero yo ya he pasado por esa situación y sé que no sólo se puede reflotar la hermandad, sino también sacar provecho de la situación.
Ya lo he hecho en otras ocasiones, sé lo difícil que puede resultar reflotar una hermandad y que a todo no es imposible. Pero la pregunta es ¿Habéis tenido vosotros que reflotar una hermandad?
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